En el Bajo de San Isidro, a metros de la costa del río, dos arquitectos desarrollaron su propia vivienda-estudio tomando como punto de partida los árboles preexistentes del terreno: un cedro azul que había sobrevivido a la caída de un rayo y un jacarandá que terminó dando nombre al proyecto, Casa Jaca. El programa se organiza en dos volúmenes elevados y desfasados siguiendo la diagonal del...

Contexto del proyecto

En el Bajo de San Isidro, a metros de la costa del río, dos arquitectos desarrollaron su propia vivienda-estudio tomando como punto de partida los árboles preexistentes del terreno: un cedro azul que había sobrevivido a la caída de un rayo y un jacarandá que terminó dando nombre al proyecto, Casa Jaca.


El programa se organiza en dos volúmenes elevados y desfasados siguiendo la diagonal del lote, lo que permite abrir vistas, generar terrazas verdes y articular los distintos niveles. En el frente, el cedro azul atraviesa un volumen de hormigón visto que vuela hacia la calle conformando la cubierta de la cochera. En el sector de dormitorios, una piel de madera con parasoles plegables completa la envolvente exterior.

Alcance de la obra

Uno de los condicionantes técnicos más relevantes del proyecto fue la cimentación: el suelo arcilloso, atravesado por enormes raíces, requirió un sistema de tensores de ingeniería compleja para asentar las fundaciones sin dañar los árboles.


La planta social se distribuye en disposición en L, con un comedor de doble altura como rótula entre living y cocina. El último nivel, bañado por el follaje del jacarandá, estaba pensado originalmente como sala de música, pero derivó en la sede del estudio profesional, con vistas privilegiadas al entorno.

Impacto esperado

El hormigón visto convive con piedra, madera y techos verdes. ‘Por lo general, este tipo de casas tienden al minimalismo, pero nuestra búsqueda fue equilibrar’, señalan los propietarios, quienes describen la obra como un laboratorio proyectual y un showroom funcional de su arquitectura.