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Cementando el futuro: Las obras públicas bajo la lupa del clima

31/08/2025 l Obra pública

Argentina y el Mercosur, un repaso por las estrategias de infraestructura frente a eventos extremos y el desafío de la resiliencia en un mundo cambiante.
Cementando el futuro: Las obras públicas bajo la lupa del clima


           

El asfalto que pisamos, los puentes que cruzamos y las represas que nos abastecen no son ajenos a la capriciosa danza del clima. En Argentina, como en gran parte del mundo, la infraestructura que hoy nos da soporte fue concebida en un tiempo donde los patrones climáticos parecían más estables y predecibles. Hoy, en pleno 2025, esa ‘normalidad’ es un recuerdo lejano. Las obras públicas, pilares del desarrollo y la conectividad, se encuentran en la primera línea de defensa frente a fenómenos cada vez más intensos: lluvias torrenciales, sequías prolongadas, olas de calor extremas y mareas extraordinarias. Ya no es una cuestión de si ocurrirán, sino de cuándo y con qué magnitud.

Durante décadas, la planificación de la infraestructura se basó en datos históricos, asumiendo un futuro similar al pasado. Pero los eventos de la última década nos han forzado a una brutal toma de conciencia. ¿Recuerdan las inundaciones devastadoras en el Litoral entre 2018 y 2019? Esos episodios no solo dejaron familias sin hogar y campos anegados, sino que también expusieron las vulnerabilidades de nuestra red vial, sistemas de drenaje y defensas fluviales. Estudios recientes, como el informe de 2023 del Centro Argentino de Ingenieros, revelan que los costos de reconstrucción post-evento climático en Argentina promediaron un 0.7% del PBI anual entre 2018 y 2022, un aumento del 40% respecto a la década anterior. Esta cifra alarmante subraya que la inversión en prevención y adaptación no es un gasto extra, sino una urgencia económica y social. La buena noticia es que, de a poco, los tomadores de decisión están virando el timón hacia una visión más proactiva, integrando la variable climática como eje central en la concepción y ejecución de nuevos proyectos.

Cementando el futuro: Las obras públicas bajo la lupa del clima


           

El cambio de paradigma es palpable. Desde 2020, observamos un incremento del 25% en la asignación de fondos para proyectos con evaluación de riesgo climático en el presupuesto nacional de obras públicas, según datos del Ministerio de Obras Públicas. Esto se traduce en proyectos que no solo buscan eficiencia o conectividad, sino también resiliencia. Pensemos en la revisión de los diseños de puentes para soportar caudales históricos aumentados, la implementación de sistemas de drenaje urbano con mayor capacidad en ciudades como Buenos Aires y Córdoba, o la fortificación de defensas costeras en Mar del Plata frente al aumento del nivel del mar.

Pero ¿cómo nos posicionamos frente a nuestros vecinos? La comparación regional es clave para entender dónde estamos y hacia dónde vamos. Mientras que Argentina ha logrado incluir criterios de resiliencia climática en el 60% de sus grandes proyectos de infraestructura licitados desde 2023, superando el 50% promedio del resto del Mercosur, el desafío sigue siendo la capilaridad de estas directrices en obras de menor escala. Brasil, con su vasta geografía y diversidad climática, ha enfocado esfuerzos significativos en la resiliencia hídrica en la Amazonía y el noreste, invirtiendo cerca de 2.500 millones de dólares en la última década en sistemas de alerta temprana y fortificación de diques. Uruguay, por su parte, prioriza la adaptación de su infraestructura portuaria y costera, un sector clave para su economía, con planes de modernización que consideran proyecciones de mareas y tormentas para los próximos 50 años. Paraguay, con un enfoque particular en la gestión de cuencas fluviales, ha logrado reducir en un 15% los daños por crecidas en las zonas aledañas a sus principales ríos gracias a la implementación de planes de obras conjuntas con ingenieros ambientales y comunidades locales.

El camino es largo y lleno de obstáculos, desde la financiación hasta la necesidad de incorporar nuevas tecnologías y conocimientos técnicos. Sin embargo, la tendencia es clara: la infraestructura pública de hoy debe ser construida pensando en el clima de mañana. No es solo una cuestión de hormigón y acero, sino de planificación inteligente y una visión de futuro que garantice la seguridad y el bienestar de las generaciones venideras. El desafío ahora es mantener el ritmo y transformar la experiencia en conocimiento aplicado, para que cada obra pública sea un eslabón más en la cadena de nuestra adaptación colectiva.

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