
31/08/2025 l Tendencias
Pero los últimos quince años han marcado un giro trascendental, impulsado por estudios que resaltan la insostenibilidad social y ambiental de esos modelos. Desde modelos europeos de proximidad, que buscan la ‘ciudad de 15 minutos’ como el gran París, hasta desarrollos asiáticos de alta densidad integrada en lugares como Singapur o Seúl, la tendencia global apunta a una periferia más compacta y autónoma. En Argentina, y en el resto de América Latina, estamos viendo una búsqueda activa por corregir viejos errores. Ya no se trata solo de construir casas, sino de diseñar ecosistemas completos: la mezcla de usos se volvió un mantra, con desarrollos que integran vivienda, oficinas flexibles, comercios de cercanía y espacios públicos de calidad. La conectividad, tanto digital como física (pensando en transporte público eficiente y ciclovías), es ahora un pilar fundamental.
Incluso la ‘industria’ está volviendo, pero con otra onda: parques industriales tecnológicos, polos logísticos inteligentes y zonas francas que no solo generan empleo, sino que atraen talento y crean un tejido social propio, reduciendo la necesidad de viajes kilométricos. La participación ciudadana, la infraestructura verde (parques lineales, humedales urbanos) y la resiliencia climática son temas que ya no son un extra, sino un requisito. La periferia se está transformando en nodos multifuncionales, que, lejos de ser apéndices de la metrópolis, se erigen como centros gravitacionales con identidad propia, desafiando la hegemonía del centro tradicional y prometiendo una calidad de vida más equilibrada y, socialmente, mucho más rica. Es un cambio de paradigma profundo, un redescubrimiento de lo local que está configurando el futuro de nuestras ciudades.