
31/08/2025 l Arquitectura
En nuestra región, y con una mirada al presente en 2025, la adopción de los EIFS ha crecido exponencialmente. La creciente conciencia sobre la crisis climática, sumada a la volatilidad de los precios energéticos, ha impulsado a proyectistas, desarrolladores y usuarios finales a buscar soluciones que garanticen un menor consumo de energía para climatización, tanto en edificaciones nuevas como en rehabilitaciones. Si bien la inversión inicial puede ser un factor a considerar, el retorno a mediano y largo plazo, sumado a la revalorización del inmueble, hace que la ecuación sea sumamente favorable. Estudios recientes en el Mercosur, aunque dispersos, sugieren una reducción del consumo energético de hasta un 30-50% en edificios retrofitados con EIFS, un dato contundente que no podemos ignorar.
Desde una óptica ética, es imperativo destacar que el verdadero valor de los EIFS no radica solo en sus promesas, sino en su correcta aplicación. La calidad de los materiales, la certificación de los sistemas y, crucialmente, la capacitación y profesionalidad de la mano de obra son pilares ineludibles. Un EIFS bien instalado ofrece una durabilidad excepcional, protege la estructura del edificio de las inclemencias del tiempo, reduce la aparición de condensaciones internas y brinda una inmejorable flexibilidad estética, permitiendo una amplia gama de texturas y colores que se adaptan a cualquier visión arquitectónica. Por el contrario, una instalación deficiente puede comprometer gravemente su rendimiento y vida útil, generando un impacto negativo tanto económico como ambiental, socavando la confianza en esta valiosa tecnología. Por ello, la elección de profesionales idóneos y proveedores certificados es una responsabilidad ineludible de todo actor en el sector de la construcción.
Mirando hacia el futuro inmediato, en el seno del Mercosur, esperamos ver una mayor estandarización y regulaciones más estrictas que impulsen aún más la calidad y el rendimiento de estos sistemas. Los EIFS no son solo una tendencia; son una respuesta madura y esencial a las demandas de una construcción que valora tanto la eficiencia como la responsabilidad social y ambiental, forjando un legado de edificios más resilientes y habitables para las generaciones venideras.