La cumbre de cada edificación, su tejado, es más que una simple cubierta; es un escudo fundamental que define la longevidad, el confort térmico y la seguridad estructural de su interior. En un escenario global donde la inversión en infraestructura y la optimización de los recursos son cruciales, el mantenimiento proactivo de las cubiertas emerge como una estrategia inteligentemente rentable. Desde la perspectiva de 2025, y con la experiencia acumulada de una década de creciente conciencia climática y constructiva, la aproximación al cuidado de los techos de teja y metal en la región Mercosur ha transitado de la reacción a la previsión, impulsada por estudios que demuestran el valor exponencial de la intervención temprana. Esta reseña se adentra en las metodologías y beneficios de un mantenimiento riguroso, transformando un gasto aparente en una inversión sólida para el futuro de nuestro patrimonio edificado.
La evolución de las técnicas y materiales en la última década ha redefinido el paradigma del mantenimiento de techumbres. Para los **techos de teja**, históricamente valorados por su estética y durabilidad inherente, los desafíos en el Mercosur radican en factores como la alta humedad en zonas costeras (favoreciendo la proliferación de musgos y líquenes) y la intensa radiación UV en áreas continentales (que puede fragilizar las piezas cerámicas o de hormigón). Estudios recientes de la Universidad de São Paulo y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) de Argentina han subrayado que la limpieza no abrasiva y la aplicación de tratamientos hidrofugantes o fungicidas especializados, realizados cada 3 a 5 años, pueden extender la vida útil de las tejas hasta en un 30%. La inspección detallada, facilitada hoy por drones con cámaras de alta resolución, permite identificar tejas fracturadas, desplazamiento de piezas o deterioro del mortero de fijación, elementos cuya reparación temprana evita filtraciones mayores y daños estructurales costosos.
En cuanto a los **techos metálicos**, ampliamente adoptados por su ligereza, versatilidad y capacidad de abarcar grandes luces, el principal adversario es la corrosión, exacerbada en ambientes marinos o industriales, y la degradación de recubrimientos protectores. La investigación de la Universidad de Chile, en colaboración con centros de investigación uruguayos, ha destacado la importancia de los sistemas de recubrimiento elastomérico a base de silicona o acrílico, cuya aplicación quinquenal no solo protege contra la oxidación, sino que también ofrece propiedades reflectantes que mejoran la eficiencia energética de los edificios, reduciendo la carga térmica en interiores. El mantenimiento incluye la inspección y el reapriete de fijaciones (tornillos autoperforantes), el sellado de juntas y solapes con selladores de polímero avanzados, y la eliminación de cualquier acumulación de residuos orgánicos que pueda retener humedad y acelerar la corrosión. Un dato relevante de la historia reciente es la estandarización de protocolos de control de calidad para aceros galvanizados y prepintados, que han elevado la expectativa de vida útil de estos sistemas. En síntesis, el mantenimiento sistemático, basado en un conocimiento profundo de los materiales y las condiciones ambientales específicas del Mercosur, representa la clave para garantizar la resiliencia constructiva y la perpetuidad del valor de nuestras edificaciones.